lunes, 27 de septiembre de 2010

Coctail de sentimientos..

Hay veces, como ahora, que no sé si quiero reir o llorar. Un fuerte nudo se atrincheró en mis cuerdas vocales, obligando al corazón a expulsar todo lo que hay en él.. Ni siquiera la mente se entromete por miedo a salir herida; desede hace varios días está en stand by, perdida en algún mundo lejano que nadie conoce.
Me siento vacía, totalmente vana, inactiva, desganada. A lo largo de este tiempo comprendí que, con su musa, aprendí a quererme, pero dudo que sea a ese ser a quien realmente deba querer.
Últimamente he tenido sueños reveladores de sueños.. ¿Extraño, verdad?.. He soñado que vuelve a abrazarme con la dulzura y el amor de siempre, pero también he soñado que se va y que, al fin, mi alma descansa, libre del "¿Qué hubiera pasado si..?".
Quisiera derrumbar mi vida, pero dejar las piezas de la experiencia intactas, para rearmarla cuando quiera. 
Me pregunto, ¿Por qué existen momentos en los que hay tanta ambigüedad en algo tan simple?. El amor no es complicado, lo complicado es encontrar nuestra otra mitad. Se quiere o no se quiere.. Debería ser blanco o negro, sin grisáceos ni matices.
A veces me siento una demente, divagando ante el mundo, rayando cientos de hojas con mis historias de amor que quién sabe qué fin tengan, y si es que lo tienen. Posiblemente pase toda mi vida buscando algo que no voy a encontrar jamás. Sé que el destino es incierto y que cada uno lo escribe a su manera, pero entre tantas estrofas que han habido en mi vida, no sabría decir con certeza si en algún momento creí en alguno de esos cuentos, o siquiera, en alguno de esos personajes. He visto tantos príncipes de colores que comienzo a volverme daltónica por propia decisión. Siento que me vale más la experiencia que el mejor de los finales felices.. Y quizás sea verdad eso que pienso de que temo al desenlace porque sé que va a terminar en algún momento. Después de todo, sólo atino a pensar que no hay nada más allá del fin y que, teniendo a mi alcance lo que le da razón a mi existencia, ya no tendría gracia vivir.

Me hace falta una carcajada. Reir hasta que duela siempre fue la cura de mis peores males, pero hoy en día siento que he perdido ese don. Tengo la sensación de que lo han robado de mí sin que lo haya notado, o quizás, lo he hecho marchar con mis locuras, mis sentires, mis pesares..
En lugar de ser la estúpida princesa del cuento, me gustaría cambiar roles y ser, por un día aunque sea, el chofer del carruaje. Quizás no tenga protagonismo alguno, pero al menos de esta forma sabría dónde voy y tendría las riendas en mis manos.

"Quisiera derrumbar mi vida,
pero dejar las piezas de la experiencia intactas.."