Diez años creyendo que pateabas la luna.
Que movías el mundo con una guiñada.
Que todo empezaba o terminaba cuando sonreías.
Que el destino nos llevaría a un fin común...
Qué equivocada estaba... Y qué sola.
De haberlo sabido antes, lo habría parado luego de la primer
grieta que dibujaste en mi corazón, aquel Junio frío que nos tomó por sorpresa
y nos unió con un beso robado.
Agradecer es signo de que algo importa, y quizás aún me importe,
porque siento que debo hacerlo, pero es un sinsabor tan triste decir adiós
después de diez años y tantos sueños.
Dicen que crecer es sinónimo de cambiar sueños por realidades.
Y hoy miro atrás y despierto.
Recuerdo cuando no intentaste un encuentro inmediato después de tanto
tiempo sin vernos.
Cada vez que me escondiste en alguna esquina o recinto para un
encuentro fugaz.
Cada vez me cambiaste por algo "más real".
Cada vez que te preguntaba por qué no estábamos juntos y tu
respuesta era evasiva.
Y así mismo me pregunto con qué moral te llamarás digno de tus
actitudes, pues si de dolencias por culpa del otro se trata, creo que puedo
escribir un libro.
Te entendí tanto. Me involucré tanto. Lloré tanto.
Me equivoqué tanto.
Somos agua y aceite.
Hay corazones que se amoldan ante lo que el otro puede dar, pero
supongo que notaste que no puedo ser otra de esas que frecuentas.
Gracias te doy por ayudarme a bajar de aquella torre en llamas...
Pero debes tener en cuenta que siempre odié las capas y las
armaduras.
Y más aún cuando las acarrea el ego.
♥ ƞαττ