A veces siento que vuelo, que tu mirada penetra en mi alma y me eleva como un globo aerostático dejándome ver el mundo. Siento el infinito correr por mis venas, toco las nubes con el corazón.. Mi piel percibe la armonía que produce el roce de tus dedos y me transformo en un ser libre, con esperanzas de ser alguien más a tu lado, alguien más que una simple mujer queriendo experimentar esa sensación por siempre.
Un sólo roce de tus labios hace revivir el sentimiento más oculto de mi ser.
Mi triste pasado me obliga a quererte, basándose en la irracionalidad del estado carnal. Pero al salir del trance de tu cuerpo, la realidad me desploma. La dualidad de tu ser me carcome, me quita las fuerzas, me saca de sintonía.. Mi incredulidad aumenta más y más a cada minuto..
Mientras no lloro, pienso.. Pienso en por qué será tan difícil conseguir un par de ojos sinceros que no teman decir la verdad. Esta cruda adversidad es quien me abofetea y me hiere a tal punto de arrancar de mí la sensibilidad y la razón. Por un momento no deseo ser yo, sino una de esas tantas a quienes no le importa ni tú ni tu vida. Invertir nuestros roles, a sabiendas, sólo para deslumbrarte con tu propia estupidéz y poder plantar en tu pecho este huerto de sinsabores que dejas a diario en mí, este suplicio que siembra la duda detrás de cada mentira, de cada falsedad, de cada "te quiero" inexistente.
A veces, a este maltratado corazón le da lo mismo ser de tí o ser de otro. Él ya no busca rostros, sólo le interesa salir de esa penumbra tan densa en la que se encuentra y recibir un poco de ese amor que profesa día a día y que nadie sabe ni quiere saber recibir.

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