No sé si hablarle al viento, no sé si llorar. Un nudo en la garganta, tan
atado a mis cuerdas vocales, tan ceñido, tan tirante. Mil palabras por decir,
pero nada sale de esta boca. Es una fuerza extraña que me hace ver que malgasto
mi vida al seguir algo en lo que no creo. Quiero despegarme de este mundo,
quiero volar hacia donde realmente quiero ir. La vida me ha encerrado en un
laberinto lleno de pasillos que van a ningún lugar, y esperando encontrar la
salida, me adentro cada vez más en la espesa oscuridad. A veces no sé si quiero
seguir buscando o tan sólo quiero dejar de intentar. A veces no entiendo, no
proceso las opciones, no vislumbro los riesgos, sólo me dejo llevar por la
vida, aventurando un buen porvenir, y otras veces pienso tanto para tomar una
decisión que acabo sin tomarla, quizás por miedo a que mi forma de ser feliz no
sea la adecuada.
Hoy siento que escribo y que no logro comprender lo que mis palabras
quieren decir. He perdido ese don, esa chispa, esa magia que solía crear con
mis manos. Todo mi arte lo he llevado a lo material y ha expirado en el
trayecto. Mi inspiración ha sido sometida a un silencio tan eterno, que se ha
convertido en algo efímero, llega de a ratos y se vuelve a ir sin poder cumplir
su ciclo. Sin preverlo, encarcelé al corazón, lo defraudé, lo herí. Siento que
ya nada puedo hacer para que vuelva a latir con aquella fuerza e intensidad con
la que enfrentaba a un trozo de papel en blanco. Un vacío, un tormento, un
suplicio, un gajo de felicidad, nada me devuelve lo perdido, y menos esta noche
tan sola, donde todo lo que una vez creí que estaba bien, vuelve a estar mal, y
vuelvo a caer en la niebla del tiempo pasado, y me vuelvo a ver como una niña a
la que nunca dejaron crecer.
Me cansé de pedirle a la vida que me dejara ver por mí, que me ayudara a
traspasar esta cotidiana amargura, que me diera fuerzas para desatar el nudo,
pero hoy me doy cuenta de que no es la vida quien me va a solucionar los
problemas. Esto es un auto-sabotaje, un cuento que vengo inculcándome hace años,
una historia para débiles que deja mi auto estima por el suelo, que ata mis
manos, mis pensamientos, mis sentimientos; un soneto nunca escrito por el
hombre, pero creado por él para manipular lo más hermoso del alma y convertirlo
en miedos y frustraciones.
Hoy me propongo a mi misma huir a ese paraíso de paz que tanto anhelo, pero
que conste que paz no significa silencio, “paz”, para mí, es la tranquilidad de
ser libre y poder sentir, poder amar, poder hacer, poder crecer, sin
represiones, sin sufrimiento, sin temor.
Hoy me propongo volver a ser yo, la que veía amor en el cielo y la
inocencia en los niños, la que creía que la gente nace buena y que todo es
posible si se hace con verdadera voluntad, la que se negaba a una vida triste
llena de penas y llanto; la sólo le pedía a la vida esperanza, para hacer
realidad un sueño.
♥ ƞαττ
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