Una vez alguien me dijo que no se enamoraba...
Escuché atentamente sus razones, pero no me convencieron. Después de todo, tenía algo en los ojos que denotaba dolor, y eso, sin duda, era el rastro de un amor fallido, un amor de los que te dejan llorando, con el corazón en la mano, despedazado.
No le creí, porque sé que algún alma anda rondando por el mundo, esperando conocerle, y revivirle.
No le creí, porque no concibo que haya un ser en la tierra que pueda vivir sin amor.
Pienso que nacemos para amar al que está al lado, lo demás es secundario. Podemos amarnos a nosotros mismos, sí, pero eso no es más que un puente, un puente que construimos para tener qué ofrecer, para ornamentar nuestros cimientos y poder llegar al otro, de la mejor manera posible.
Aquel día, la felicidad estuvo en encontrar en esos ojitos brillosos, que me miraban desde tan lejos, un poco de paz, así como generarla al mismo tiempo.
Y esas palabras que parecían tan frías, fueron el puente, un señuelo para entender que ni siquiera el dolor más profundo en el pecho es excusa suficiente como para no abrazar al otro y amarlo, aunque este no quiera dejarse amar.
♥ ƞαττ
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